En Vía Reggio sabemos que el aprendizaje no sucede únicamente dentro del salón de clases. Aprendemos con el asombro, con el descubrimiento, cuando nos hacemos preguntas y cuando compartimos ideas con otros, es decir que aprendemos cuando nos encontramos en otros lugares y con otras personas.
Este ciclo escolar estuvo marcado por una palabra que cobró un significado muy especial para nuestra comunidad: El Encuentro.
Después de un periodo en el que, por la situación de nuestra ciudad, nos hemos visto obligados a modificar rutinas, limitar recorridos y permanecer más tiempo en espacios cerrados, sentimos la necesidad de volver a mirar hacia afuera, volver a caminar nuestras calles, a habitar nuestra ciudad y nuestros espacios y a encontrarnos con quienes forman parte de nuestra comunidad.
Pronto descubrimos que el encuentro no ocurre solamente entre personas. También nos encontramos con las ideas, con la naturaleza, con el arte, con la memoria, con la ciudad, con nuestras preguntas y con nosotros mismos.
Este Museo de los Cien Lenguajes reúne huellas de los encuentros que se llevaron a cabo en cada uno de nuestros proyectos y que dieron sentido a nuestro ciclo escolar.
En Nidos y Preescolar, todo comenzó en la curiosidad y exploración del entorno cercano. Los niños se encontraron con la luz, las texturas, los sonidos, la naturaleza y las emociones. Descubrieron que el mundo es un lugar dispuesto a ser explorado y que cada experiencia puede convertirse en una oportunidad para maravillarse. El encuentro apareció en el juego, en la imaginación y en la construcción de los primeros vínculos con los otros.
En Primaria Baja surgió algo muy interesante: el encuentro se convirtió en una forma de comprender nuestra relación con el mundo y nuestra responsabilidad dentro de él. Estas experiencias suceden en la naturaleza, con los seres vivos y en el juego con los pares, además, descubrimos que el encuentro no sólo ocurre entre personas de la misma edad, también ocurre entre generaciones, en las memorias de los abuelos.
En Primaria Alta los niños continuaron explorando con mayor profundidad el mundo que los rodea. Volvieron a recorrer las calles de Culiacán para reconocer sus raíces, descubrir sus historias. Investigaron sobre la ciencia, la cultura y la sociedad. En esta sección surgieron preguntas aún más desafiantes: ¿Qué lugar ocupamos dentro de sistemas más grandes que nosotros? y aprendieron que al ser parte de una gran comunidad tienen la capacidad de transformarlo.
En Secundaria, el encuentro adquirió nuevas profundidades. Los adolescentes exploraron aquello que nos hace humanos. Cuestionaron la relación entre las personas y la inteligencia artificial. Exploraron el poder de la voz para comunicar y transformar. Descubrieron que la realidad puede interpretarse de múltiples maneras. Reflexionaron sobre los estereotipos, la inclusión y el respeto a la diferencia. Diseñaron espacios más habitables, enfrentaron sus propios miedos y aprendieron que las comunidades se construyen cuando las personas dejan de pensar únicamente en sí mismas para asumir la responsabilidad de un nosotros.
A lo largo de todos estos proyectos apareció un valor compartido: No aprendemos en solitario. Por eso, cuando hablamos de encuentro, no nos referimos únicamente a volver a reunirnos físicamente. Hablamos de reconocernos como una comunidad, que aprende junta y que vuelve a ocupar los espacios de su ciudad con esperanza.
Este año:
Volvimos a recorrer.
Volvimos a mirar.
Volvimos a ocupar espacios.
Volvimos a encontrarnos.
Y eso es, quizá, lo más valioso de este museo: nos muestra que la comunidad reggiana está dispuesta a volver a habitar su ciudad y encontrarse nuevamente con ella, con los otros y consigo misma.
Los invitamos a recorrer este museo con tiempo y con curiosidad, deteniéndose en las preguntas de los niños, niñas y jóvenes y descubriendo los diferentes lenguajes con los que interpretan, representan y construyen su aprendizaje.
¡BIENVENIDOS AL MUSEO DE LOS 100 LENGUAJES!
Fernanda Escobosa
Directora General de Vía Reggio