La infancia es una etapa breve de la vida. Por eso vale la pena preguntarnos: ¿cómo queremos que nuestros niños y niñas la vivan?
Acompañar la infancia es uno de los mayores retos para los padres. Con frecuencia queremos que aprendan de los caminos que nosotros ya vivimos y recorrimos, pero olvidamos que para aprender aquello también tuvimos que experimentarlo.
Una de las preguntas más importantes será entonces: ¿cómo podemos dejar a los niños ser niños? Ellos aprenden haciendo cosas de propias de la infancia: jugando, colaborando, explorando, imaginando, socializando. Así construyen sentido, conocimiento e identidad.
La educación ha cambiado, y en Vía Reggio hemos aprendido a mirarla de una manera distinta: con mayor respeto por el ritmo de cada niño, por su momento de vida y por su propio proceso. Malaguzzi nos enseñó que “nada sin alegría” —que el aprendizaje verdadero nace del asombro, del deseo y del encuentro. Hoy sabemos que ir más pronto no significa ir mejor; que ir más rápido no siempre es lo más valioso. Lo más ético es acompañar a cada uno en el momento en que está listo.
También hemos comprendido que no existe una sola forma de aprender. Existen muchos caminos, muchos lenguajes desde los cuales cada niño y niña puede hacer suyo el aprendizaje.
Vía Reggio nos invita a confiar en las capacidades de nuestros niños, niñas y adolescentes. Nos invita a mirarlos desde la riqueza de lo que ya son — pues como afirma Malaguzzi, “el niño no es un recipiente que hay que llenar, sino una fuente que hay que dejar fluir”—, a reconocer su esencia, y a soltar nuestros miedos para acompañarlos con una presencia respetuosa, sensible y amorosa.
Hoy en el día del niño les invito a no soltar esta forma de mirar a la infancia, por la cuál llegaron aquí a Vía Reggio.
¡Feliz día a todos nuestros niños y niñas!